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Emm en Ema 10 de Mayo de 2018

LA MARAVILLA DE SALIR

                                            La imagen puede contener: una o varias personas, cielo, océano, árbol, exterior y naturaleza

La primera vez que salí del continente en el que vivo fue para aterrizar en España. Llegué a Madrid, pero solo conocí su aeropuerto. En Barcelona, en cambio, estuve diez días. Les puedo jurar que fue amor a primera vista. 

Corría el año 2010 y yo estaba en el anteúltimo año del secundario. Mi mamá tenía un congreso en Barcelona y fui con ella. En esa época, ella viajaba mucho, siempre por trabajo, y se le había ocurrido la espectacular idea de hacer un viaje con cada una de sus tres hijas. Primero fue a Sudáfrica, con mi hermana más grande, después me tocó a mi y, por último, fue a Estados Unidos con la más chica. Sin duda alguna, y aunque cada lugar tiene su encanto, me quedo siempre con mi primer viaje. 

Salir del país, fue un viaje en sí mismo. Llegar a ese lugar maravilloso, fue más de lo que jamás podría haber imaginado. Pero no quiero hablar de las maravillas de esa ciudad, que son inumerables. A mi, lo que más me impactó, fue la sensación de pequeñez que me provocó el hecho de estar tan lejos, tan rodeada de gente que no me conocía, que ni siquiera hablaba como yo y que, al menos en muchos casos, no tenía ni idea de lo que pasaba en el lugar en el que vivo. 

Me acuerdo, como si fuese hoy, estar mirando el paisaje que Barcelona te regala en cada esquina, viendo a las mujeres tan coquetas caminar y pensar: "nadie de ellos, ni un solo, tiene absolutamente nada que ver conmigo". Hoy, sé que eso no es del todo cierto. Y tampoco es que vivo en un pueblo en el que todo el mundo me conoce, más bien todo lo contrario, soy un bicho de ciudad, pero es una sensación muy particular la que sentís la primera vez que llegas a un país tan lejos del tuyo. 

Me fui de Barcelona con la absoluta certeza de que ahí se podía ser muy feliz. También me fui prometiendo volver. Lo asombroso de esa ciudad, para mí, es que ningún argentino que conozco que fue, puede decir nada más que cosas increíbles de ella. Tenemos como una atracción a ese lugar en el que la gente parece ser más feliz y el mundo más bonito. Y encima, está Messi. 

Lo más importante de todo esto es que los años pasaron y la felicidad que sentí viajando y estando ahí, siempre estuvo muy presente en mí. Y el chocolate caliente que probé en un negocio que, lamentablemente, ya no me acuerdo más el nombre, también.

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